El chile se usa principalmente para dar un sabor picante a los platos, y como conservante de los alimentos; pero no son éstas sus únicas virtudes. El chile tiene un gran valor nutritivo, especialmente debido a su alto contenido en vitaminas y minerales. Al igual que el resto de verduras, es una buena fuente de fibras. En cambio, su contenido en hidratos de carbono y proteínas es bastante reducido, no contiene grasas y, por lo tanto, su aporte calórico es muy bajo.

Curiosamente, los chiles están entre los alimentos que más vitamina C aportan: más del doble que las naranjas o las fresas (especialmente los chiles rojos). También son una buena fuente de vitaminas del grupo B, especialmente B6.

Contienen una gran cantidad de potasio, magnesio y hierro. En cambio, el calcio que aportan no es asimilado demasiado bien por el organismo humano.

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Las vitaminas tienen un gran poder antioxidante; además, tanto las vitaminas como los minerales son indispensables para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Algunas funciones en las que los chiles ayudan a nuestra salud son:

  • Producción de glóbulos rojos: gracias a su contenido en vitamina C y folatos.
  • Sistema inmunológico: vitaminas A y C, folatos, magnesio.
  • Sistema nervioso y funcionamiento muscular: potasio, magnesio.
  • Formación de colágeno, piel, cabello, huesos y dientes: vitaminas A y C, magnesio y fósforo.
  • Mejora de la movilidad intestinal: magnesio.
  • Además, la vitamina C es esencial para ayudar a que el organismo absorba el hierro de otros alimentos. Por eso se recomienda consumir los chiles con alimentos ricos en hierro (legumbres, cereales, carnes…)

 

En resumen: los chiles son ricos en nutrientes, sanos, bajos en calorías, y un placer para el paladar de muchos gourmets. ¿Qué más se puede pedir?