Afortunadamente, las sopas no son solo para el invierno. Digo afortunadamente porque me confieso una adicta a ellas. Y no soy la única. En una ocasión, durante una escapada a Ibiza con unos amigos en pleno invierno, tras varias horas de caminar por la isla, entramos en un local a cenar. Mi amiga, con el frío en el cuerpo y el estómago algo revuelto, pidió que le preparasen una sencilla sopa, y al acabar exclamó: “ He visto la luz”. Y con otras palabras, el gurú gastronómico francés Brillat Savarin (1755-1826) sentenció: “La sopa es a la comida lo que la obertura es a la ópera”.

En verano hay abundantes sopas y cremas frías que entran y sientan estupendamente, incluso cuando hace tanto calor que hasta quita el apetito. En general están elaboradas con las verduras y hortalizas de temporada, por lo que son versátiles, refrescantes y muy nutritivas, con buenas cantidades de carotenos y vitaminas. Resultan sencillas, rápidas y baratas de preparar, y la mayoría no requieren ni siquiera encender el fuego.

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Entre las sopas del verano, el gazpacho es sin duda la estrella, seguida de cerca por la vichyssoise. Pero para salir de la rutina, aquí os presentamos otras propuestas diferentes, ideales para sorprender a la familia o a los invitados.

-Gazpacho de cereza. En esta receta, además del tomate, pepino, pimiento, ajo, vinagre y aceite del gazpacho de toda la vida, se añade una buena cantidad de cerezas, que aporta muchas propiedades y un toque dulzón.

Sopa fría de pepino y yogur. Un clásico de la gastronomía de Oriente Próximo y de los países balcánicos.