Si decidieras hacer un viaje por Chile y entraras por la frontera peruana bajando región por región, isla por isla y archipiélago por archipiélago, y decidieras beber algo en cada lugar, te encontraría con que los platos nacionales y las bebidas chilenas están intrínsecamente relacionadas con la zona donde se producen.

Sin embargo, hay algo que las une: su origen común en la Conquista, una herencia que se puede degustar de norte a sur. Eso porque la tradición vitivinícola desde la época de la conquista española en conjunto con las materias primas de nuestro territorio, dio nacimiento a variadas bebidas alcohólicas, principalmente a partir de dos licores rústicos y ampliamente extendidos a lo largo del territorio.
Se trata de la chicha y el aguardiente, dos productos que nacen de diferentes procesos: la primera, obtenida de la fermentación de diversas frutas y, la segunda, producto de la destilación de los sobrantes del primer prensado de las uvas y con una graduación alcohólica fluctuante entre 13° y 45°.

Si partieras tu recorrido por el Norte Grande te encontrarías con el ponche de leche, bebida típica de ciudades como Arica, Iquique y Antofagasta, creada a base de aguardiente mezclado con leche, canela, clavo de olor y azúcar. Este trago se sirve caliente y es consumido principalmente en festividades locales. Es similar a la cola de mono santiaguina, creada en 1900 y bautizada originalmente como cola de Montt. La diferencia es que esta última lleva café y es consumida durante la Navidad junto con el pan de Pascua.

Más abajo, en la zona conocida como Norte Chico (formada por la parte meridional de la región de Atacama, la región de Coquimbo y la zona norte de la región de Valparaíso), asoma el pajarete, un vino dulce con denominación de origen que solo puede producirse en las regiones de Atacama y Coquimbo. Se puede reconocer por su color canela, su sabor dulce, su textura viscosa, su característica semiespumante y su moderada graduación alcohólica. Y porque es un licor muy aromático.
Históricamente, el sabor de este brebaje se ha obtenido usando uvas de Huasco, en sus variedades blancas, moscatel de Alejandría y de Austria. La fermentación se realizaba, desde los tiempos de la Colonia, en un recipiente de cuero animal. Como es bien sabido, el pajarete es de origen español y fueron los jesuitas quienes trajeron las técnicas de producción en el siglo XVII y crearon los primeros viñedos del país.
En esa misma zona, cerca de La Serena y sus alrededores, se encuentran una serie de pueblos donde el antiguo cultivo de la vid tiene otros fines. El pisco es descendiente del aguardiente de uva que se produce en la zona desde el siglo XVI mediante la destilación de vino de ciertas uvas, principalmente moscatel de Alejandría, moscatel rosada, torontel, moscatel de Austria y Pedro Jiménez.
El pisco es un producto con denominación de origen en Chile, aunque también es producido —y se hacía con anterioridad— en la zona de Pisco, en el Perú. Debido a su sabor seco y su alta graduación alcohólica (30º, 35º, 40º y 43º), el pisco en Chile se consume mezclado con jugo de limón y azúcar flor (pisco sour) o, más masivamente, con bebidas de cola (piscola).

Pasando a la Zona Centro, la influencia criolla y campesina se hace sentir. El pipeño o vino de uvas del parrón es un mosto de cepas innobles. Su corto periodo de fermentación y proceso artesanal de producción le dan un color que va del marrón intenso al amarillo, sin llegar nunca a ser transparente.
Pero en la Zona Centro de Chile la reina es la chicha. Concebida como un fermentado de uvas más rústico que el vino, vive sus días de gloria todos los años durante las Fiestas Patrias, en septiembre, aunque es consumida durante todo el año en zonas rurales. Su variación con harina tostada se llama chupilca.
Siguiendo en la Zona Centro, existen algunas preparaciones a base de vino tinto y blanco. Una es el llamado borgoña, que combina vino tinto, frutillas maduras y azúcar; y la otra, el clery, que se cree que es originario de Talca por estar hecho con parras de uvas blancas mezclado con frutillas del río Claro.
Un poco más gourmet es la vaina, un cóctel que se sirve como aperitivo en restaurantes y, antiguamente, en bodas de toda estirpe. Esta preparación se crea a partir de vino tinto, vermú blanco, yema de huevo y canela en polvo espolvoreada.

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Los habitantes de la fría Zona Sur también han sabido combinar el vino para crear preparaciones que suben la temperatura. La más típica es el vino navegado, bebida consumida en las peñas folclóricas. Se prepara mezclando vino tinto, rodajas de naranja, azúcar y canela en una olla grande puesta al fuego y se sirve poco antes de que hierva el vino. Su nombre es una metáfora de los trozos (rodajas) de naranja que flotan en el vino como si de barcos se tratara.
Por su parte, la cultura mapuche desarrolló otro tipo de chicha. El muday (palabra mapudungun) es una bebida alcohólica hecha mediante la fermentación de granos de cereales como maíz o trigo, o semillas como el piñón, típicas en las regiones de la Zona Sur. Se reconoce por su color amarillo-blancuzco y los restos de los granos que se usan para elaborarla.

Más abajo, en la región de Valdivia, la inmigración alemana generó un polo productivo de cerveza artesanal. Ya en 1851 el colono Carlos Anwandter fundó la cervecería Anwandter, pero su fabricación se terminó con el terremoto y maremoto que azotó Valdivia en 1960. Sin embargo, los conceptos de elaboración de Anwandter inspiraron en los años noventa del siglo pasado a Armin Kunstmann, quien resucitó la tradición cervecera valdiviana.

Cuando cruces el archipiélago de Chiloé, te encontrarás con una bebida tan entrañable como los palafitos y la cultura culinaria de la isla, el llamado licor de oro, una mezcla de suero de leche y alcohol. Se prepara combinando el suero con aguardiente, y se deja filtrando durante unos siete días. Luego se agregan azafrán y cáscara de limón. El brebaje resultante es un licor de color amarillo dorado y alta graduación alcohólica. Aunque se considera el licor típico de Chonchi, porque lo fabrican solo unas pocas personas originarias de ese pueblo de la Isla Grande de Chiloé, existen versiones que agregan jugo de papaya (fruto del Norte Chico) para intensificar el color y el sabor de esta bebida, consumida generalmente como aperitivo en los restaurantes de mantel largo del resto de Chile.